The gorge

by Adrian & Ana Ruiz

Pastors of Templo Emmanuel

In one of his books, Ralph Connor tells a story about a young woman named Gwen. This young woman was rude, stubborn and she was used to always doing her will. One day as a result of an accident, she was left unable forever. She was very rebellious and people were constantly murmuring about her condition. A missionary known among the Highlanders as The Sky Pilot came to visit her.

He approached her and told her the following story of the gorge. “At first there were no canyons, but only the wide open prairie. One day the owner of the meadow was walking around where there was only grass. He asked the Prairie; “Where are your flowers?” The Prairie replied, “Lord, I have no seeds.”

Then he spoke to the birds and they brought seeds of all kinds of flowers and scattered them far and wide. Very soon lilies, roses, sunflowers and many other beautiful flowers began to flourish. Then the owner came and he was very happy. But he missed the flowers he liked the most. He asked the meadow, “Where are the clematis, Columbians, precious violets, anemones, ferns and flowering shrubs?” Once again he talked to the birds and they brought the seeds and spread them everywhere. But when the master returned, he could not find the flowers that he liked the best and he said, “Where are my best flowers?”

And the Prairie responded with great sorrow, “Oh, Lord I cannot keep the flowers because the wind blows hard, the sun constantly punishes me and the flowers dry up and disappear.”

Then the Master spoke to the lightning and with a very fast beat the lightning parted the Prairie by the heart. The Prairie rocked and groaned in agony and for many days it lamented bitterly the terrible wound that had not been closed.

But the river poured its waters over the very large crack that had opened the prairie and with it dragging the rich black earth. The birds returned and spread the seeds through the gorge. After the rough rocks were adorned with soft moss and the tangled vines, all the nooks were filled with Clementine’s, violets and Colombians. Giant towering elms rose, and many flowers grew everywhere until the canyon became the favorite place of the Lord for rest, peace and joy.

Then the missionary Sky Pilot read Galatians 5: 22-23: ” But the fruit of the Spirit is love, joy, peace, longsuffering, kindness, goodness, faithfulness, gentleness, self-control.” And only some of these fruits grow in the gorge. Our hearts are shaken by the blows of life, and the prisons of circumstances allow God to put order in our lives in the midst of painful tests of unpleasantness. Because in the end, the light of the eternal splendor erases the bad memories of life.

Your Pastors Adrian and Ana Ruiz await you at Temple Emanuel 280 Polk St, American Falls, ID.

Translate by Rurh Ramirez

El desfilandero

En uno de sus libros Ralph Connor relata la historia de una joven llamada Gwen. Dicha joven era tosca, obstinada y estaba acostumbrada a hacer siempre su voluntad. Un día, como consecuencia de un accidente, se quedo imposibilitada para siempre. Era muy rebelde y constantemente murmuraba por su condición. Un misionero conocido entre los montañeses por El Piloto del Cielo, la visitó.

Se acercó a ella y le contó la siguiente historia, del desfiladero. “Al principio no existían desfiladeros, sino solamente la pradera amplia y abierta. Cierto día en que el Dueño de la Pradera andaba sobre su césped donde solo había hierbas, preguntó a la Pradera; “¿Dónde están tus flores?” y la Pradera respondió, “Señor no tengo simientes.”

Entonces El hablo a los pájaros y ellos llevaron semillas de toda clase de flores y las esparcieron a lo largo y ancho. Muy pronto florecieron lirios encarnados, rosas, girasoles y muchas otras bellísimas flores. Entonces volvió el Dueño y se puso muy contento. Pero hecho de menos las flores que mas le gustaban, y dijo a la Pradera: “¿Dónde están las clemátides y el colombino, las violetas preciosas, las anémonas, helechos y arbustos floridos?” Nuevamente hablo a los pájaros y trajeron semillas las cuales rociaron por todas partes. Pero cuando el Dueño volvió, tampoco pudo hallar esta vez las flores que a él le gustaban, y dijo:

“¿Dónde están mis mejores flores?” y la Pradera respondió con gran pena: “Oh, Señor no puedo conservar las flores porque el viento sopla fuerte, el sol me castiga constantemente, y las flores se secan y desaparecen.”

Entonces el Dueño hablo al Rayo, y con un golpe rapidísimo, el Rayo partió la Pradera por el corazón. La Pradera se balanceó y gimió con gran agonía, y durante muchos días se lamento amargamente de la terrible herida que había quedado sin cerrar.

Pero el río derramó sus aguas sobre la grandísima grieta que en la Pradera se había abierto, arrastrando consigo la rica tierra negra. Los pájaros volvieron y esparcieron las semillas por el desfiladero. Y después las ásperas rocas se vieron adornadas con musgos suaves y viñas enmarañadas y todos los rinconcitos se cubrieron con las clemántines, violetas y colombinos. Grandísimos olmos se elevaron altísimos. Y por todas partes muchísimas flores crecieron, asta que el desfiladero se convirtió en el lugar favorito del Señor, para su descanso, paz y gozo.

Entonces el llamado Piloto del Cielo, le leyó Gálatas 5:22-23 “Mas el fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza; y algunos de estos frutos solo crecen en el desfiladero”. “Oh corazones agitados por los golpes de la vida, y las prisiones de las circunstancias, dejen que Dios ordene sus vidas en medio del desagradable dolor de las pruebas pues al final la luz del resplandor eterno borrara el mal recuerdo de la vida.

Tus Pastores Adrián y Ana Ruiz te esperan en Templo Emanuel 280 Polk St. American Falls ID.

Rraducida por Ruth Ramirez.

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