Finally I can see

Recently a remarkable incident occurred at a wedding in England. A rich young man in a very high position, became blind at the age of ten due to an accident. Despite his blindness he had earned many honors in his college years. He had also won the heart of beautiful young woman whom he could never see her beautiful face.

Shortly before his wedding, he underwent a delicate operation under the direction of several specialists. They would remove his bandages the same day of his wedding.

Finally the day they had been waiting for came, guests and gifts began to arrive. Among the guests were government officials, generals, bishops and very notable and famous men. The groom dressed for his wedding with his eyes still bandaged up and marched into the church with his father. The famous eye doctor who had reformed the operation was present.

The bride entered the church on the arm of her father. He had white hair and his suit was the color blue befitting for a Marine Admiral, it was decorated with metals of honor. The bride was so excited she could hardly speak. Could her fiance finally see her face that was so admired by others and that he only knew by the touch of his fingers?

The bride was approaching the alter, meanwhile the crowd at the church was moving back and forth. Her eyes settled on a strange group. The groom was with his father in front of the great eye doctor, they were removing the last of the bandages from his eyes. The groom stepped forward with spasmodic uncertainty of a person who does not believe they are awake. A ray of light rose from one of the windows and fell across his face but it seemed like he did not see it.

“Do you see anything?” asked the expert.

“Yes!” replied the groom and instantly he regained his strength in his face. With dignity and joy that he had never felt before he walked forward to meet his fiancee. They looked into each others eyes, one could think that his eyes would never depart from the face of his bride.

“Finally,” she said!

“At last,” he repeated tilting his head and kissed her.

That scene of great dramatic power and certainly of great joy is nothing compared to what we will have in heaven. When we finally meet face to face with Jesus Christ! Each of us who walk in this world in the midst of trials, tribulations, tragedies and pains. But he will clothe us with immortality and we will rejoice in the Lords presence.

Romans 8:18 “I consider that our present sufferings are not worth comparing with the glory that will be revealed in us.” (NKJV)

Your Pastors Adrian and Ana Ruiz await you at Temple Emanuel, 280 Polk St, American Falls, ID.

Translated by Rurh Ramirez.

Por fin puedo ver

Recientemente ocurrió un incidente muy notable en una boda en Inglaterra. Un joven rico y de una posición muy elevada que a consecuencia de un accidente había quedado ciego a los diez años de edad. A pesar de su ceguera había ganado matriculas de honor en su carrera universitaria, también gano el corazón de una bellísima joven a la cual nunca había podido ver su hermoso rostro.

Un poco antes de su casamiento, se sometió a una delicada operación bajo la dirección de varios especialistas, y su culminación llego el mismo día de su boda.

Por fin llego el día tan deseado los invitados y regalos empezaron a llegar. Entre ellos había ministros de gobierno, Generales, Obispos y hombres muy notables y famosos. El novio se vistió para su boda con los ojos aun cubiertos por una venda, y marcho a la iglesia con su padre. El famoso oculista que lo había operado estaba presente.

La novia entro del brazo de su padre. Dicho señor tenia cabello blanco y su vestido estaba adornado con los colores azules y condones que correspondían a un admirante de marina. Ella estaba tan emocionada que apenas podía hablar. ¿Podría su prometido al fin ver su cara tan admirada por otros y que él sólo conocía por el tacto de sus dedos?

Cuando ella se acercaba al altar, mientras el gentío que había en la iglesia se movía de una parte a otra, sus ojos se fijaron en un grupo algo extraño. El padre estaba allí con su hijo. Delante del novio el gran oculista ocupado en cortar el último vendaje de sus ojos. El dio un paso hacia delante con la incertidumbre espasmódica de una persona que no puede creer que está despierta. Un rayo de luz de color de rosa procedente de una de las vidrieras le dio en su rostro, pero parecía que no lo veía.

¿Ve algo? Pregunto el especialista…Sí. Contesto el novio y en un instante recobro su firmeza en su semblante, y con dignidad y gozo que jamás había sentido, marchó delante para encontrar a su prometida. Se miraron a los ojos el uno al otro, y uno podía llegar a pensar que sus ojos jamás iban a apartarse del rostro de su prometida.

“¡Por fin!” dijo Ella. ¡Por fin! Repitió él, inclinando su cabeza y la beso.

Aquella escena de un gran poder dramático y sin duda alguna de gran gozo, No es nada comparada con la que tendremos en el cielo, cuando por fin veamos cara a cara el rostro de Nuestro Señor Jesucristo! Cuando cada uno de nosotros que caminamos por este mundo en medio de pruebas, aflicciones, tragedias y dolores. Nos revistamos de inmortalidad y por siempre gocemos en la presencia del Señor.

Romanos 8:18 Pues tengo por cierto que las aflicciones del tiempo presente no son comparables con la gloria venidera que en nosotros ha de manifestarse.

Tus Pastores Adrián y Ana Ruiz te esperan en Templo Emanuel 280 polk St. American Falls ID.

Rraducida por Ruth Ramirez.

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